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La Misericordia de Dios… el regalo más grande para ti!

Cuando preguntamos a nuestro alrededor si alguien cree en Dios, la respuesta, casi generalizada, es Sí; pero cuando se pregunta ¿Quién es Dios?, las respuestas son tan distintas, y a veces tan distantes, como seres humanos ofrezcan su respuesta. La dificultad radica en que se busca definir a Dios buscando los mejores conceptos y se olvida que Dios es vida, es la vida, es, como lo afirma el Papa Francisco, Misericordia.

Cuando el Papa afirma que “el nombre de Dios es Misericordia” se introduce, no en un atributo de Dios sino, en lo que es Él en su esencia. Parafraseando las palabras del evangelista “al principio era la Misericordia y con ella se ha hecho todo y sin ella no se habría hecho nada de lo que existe” (Cfr. Jn 1, 1ss).

Y es que la Misericordia de Dios se encuentra como fundamento en todo lo que existe y somos: todo ha salido de las manos de Dios por su Misericordia. ¿Dios sería menos Dios si no nos hubiera creado? ¿Si no hubiera colocado al ser humano en un mundo preparado para él? Sin duda Dios habría seguido siendo lo que es, pero ha querido compartirlo con nosotros, no sólo en lo que somos, en el mundo que nos ha regalado, sino, en la manera como nos ha salvado!.

Dios no se conformó con darnos la vida y una “casa común dónde habitar” (Cfr. Encíclica Laudato si, del Papa Francisco), sino que se esmeró porque estuviéramos bien y decidió darnos la mayor muestra de su Misericordia en su hijo Jesús, quien al morir por nosotros, nos ha dado salvación.

Pero eso no es todo! Dios no sólo se contentó con acciones pasadas, sino que continúa ejecutando acciones para nuestro bien, por el amor Misericordioso que brota de sí. Dios sigue acompañándonos en todos nuestros actos, sólo que debemos permitírselo pues Él, como buen caballero, respeta nuestra libertad.

He vivido situaciones límites de gozo y de vacío y en los dos extremos he podido sentir a Dios actuante; el gozo es acción de Dios pero ¿en el vacío? Sí, en el vacío, cuando mi única salida posible era el suicidio, fue en esa circunstancia, cuando ya no tenía nada más que perder, cuando fui capaz de abandonarme plenamente a su Voluntad y decirle, desde el fondo de mi corazón “Señor, cumple en mí tu Voluntad” (Cfr. Mt 26,39).

De esta manera, Dios no es un ser extraño y frío que se enorgullece de nuestras desgracias, sino que es alguien que sufre con nuestras desdichas, sabiendo que muchas de ellas son resultado de nuestras propias decisiones y siempre espera que le abramos el corazón para que Él pueda actuar con toda libertad. Por ello, sea cual sea tu realidad, póstrate y dile, con todas las fuerza que puedas:

Señor, ya no soy capaz,
toma Tú mi vida,
toma mis decisiones y todo lo que soy.
Recuerda que soy tu hijo (a)
y como tal recurro a Ti porque eres mi Padre.

Dios tiene una gran debilidad y es el insondable amor Misericordioso que siente por ti y por mí; misericordia que se derrama sobre todos, pero no todos nos abrimos a ella.

Esto y más lo podrás encontrar en mi libro ¿Es Dios un débil? ¡Sí, lo es!, un libro que cuenta con aprobación eclesiástica y con el visto bueno de un Doctor en Teología de la Universidad Gregoriana de Roma. Libro que puedes encontrar aquí en la tienda

Leonel Grimaldo Salazar
Psicólogo, Teólogo y Filósofo
www.psicologoalamano.com

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